Apasionados del bienestar emocional, la simplicidad y buscadores insaciables de mejorar nuestras vidas.
En ese momento ambos perdimos nuestros trabajos, pero como nuestra filosofía de vida es abrir posibilidades… esta vez no nos íbamos a quedar atrás. Vimos esta situación como una oportunidad, ya que los dos estábamos al 100% libres, para emprender nuestro propio proyecto personal.
Ya habíamos hechos nuestros pinitos organizando retiros e impartiendo formaciones de Mindfulness para la Salud. Pero ahora queríamos dar un paso más, llegar a más personas y hacer visible nuestra manera de ver la vida. Y te preguntarás, ¿qué tiene que ver un panda con todo esto?
Todo empezó con una historia divertida que le sucedió a Mamen con un panda de peluche gigante que le robó a una amiga en California. El día que salió con él por la ciudad todo el mundo sonreía y de esa experiencia surgió el mantra «Don’t be sad, BE PANDA» (No estés triste, sé panda).
Con el tiempo empezamos a no sentirnos coherentes con ese mantra. No queríamos mandar el mensaje de que sentir ciertas emociones era algo malo, pero si tenía sentido todo lo que implica ser un panda.
El panda tiene integrado en su piel el ying y el yang. No intenta ocultar sus sombras, no intenta mostrar solo sus luces, en el conviven ambas y es lo que le hace especial del resto de osos.
Ser un panda es permitirte mostrar al mundo tal y como eres, sin reprimir tus emociones y aprendiendo a relacionarte con ellas.
Hola, soy Mamen
Siempre suelo decir que he tenido mucha suerte porque tengo una familia que adoro y que por muchos años me ha financiado todas las locuras que se me han ocurrido aunque no estuvieran deacuerdo, y créeme que han sido muchas.
He sido la típica hija que sacaba buenas notas en el colegio, nunca me metía en problemas y que le gustaba disfrutar de sus hobbies por la tarde después de clase. Vamos, el sueño de cualquier madre. A excepción de que he tenido unas alas muy grandes para volar, pero en mi casa siempre han intentado que las escondiera y tuviera los pies en la tierra.
Peso a todos los esfuerzo por parte de mis padres para que me buscara un futuro estable: estudiar una carrera (soy de las que estudió arquitectura técnica y acabó los estudios en 2012, no te digo más), sacarme una oposición y tener la vida resuelta. Mis ganas de explorar la vida fueron más grandes.
Eso me llevó a hacer una de las locuras más grandes de mi vida. Dejar todo atrás, pareja incluida, e irme a California para trabajar de Au Pair. Puedes imaginar la cara de mis padres cuando se lo dije. ¿Una graduada en arquitectura técnica cuidando de niños en la otra punta del mundo? Pues sí, y fue una de las mejores decisiones de mi vida.
Así que en 2014, con la maleta cargada de ilusión y miedo a partes iguales, me fui a Danville, un pueblito de California, a conocer mi nueva familia por un año. No te voy a mentir, más de una vez lloré frente a mis niños por frustración, temía la posibilidad de que llegaran tarde al cole. Pero pese a todo ello fue tan brutal la experiencia que decidí extender un segundo año. Cuando se lo dije a mi familia hasta mi abuela intentó disuadirme vía video llamada. Pero la vida me tenía un regalo que iba a hacer que mi vida cambiara por completo.
¿Y cuál fue ese regalo? Unas intolerancias a la fructosa y la lactosa que hicieron que tuviera que volver a España antes de tiempo. Y sí, digo regalo porque eso hizo que parara revoluciones y empezara a buscar alternativas para cuidarme y mejorar mi bienestar físico y emocional.
En esa búsqueda acabé yendo a un centro budista que había cerca de casa. “Por probar no pierdo nada”, y vaya si no perdí, es más, gané el recuperarme de mis intolerancias (junto con la ayuda de la nutricionista y la psicóloga) y una pareja y compañero de locuras (Néstor).
En ese momento surgió la semilla de seguir aprendiendo y compartir lo que iba aprendiendo con las demás personas. Porque si yo pude recuperarme de un diagnóstico que los médicos daban por perdido, el resto del mundo merece tener esperanza de que pueden vivir mejor y no conformarse. Así es como empecé a formarme en Biodanza, Respiración Consciente y cualquier curso que me hiciera ojitos.
Y aquí llegamos, a día de hoy donde puedo abrir mis alas, volar alto y disfrutar de un corazoncito lleno de amor y gratitud por todas las personas bonitas que han confiado en mí para acompañarles en este camino.
Hola, soy Néstor
Mi historia es una más, como podría ser la tuya o la de muchos y con la que creo que podrás sentirte de algún modo identificada.
Creo que desde pequeño fui un chico bastante sensible, por una parte sensibilidad hacia al mundo con problemas respiratorios que me llevaban a ponerme muy mal, así como terrores nocturnos. Y por otra parte hacia las experiencias de sufrimiento que percibía en los adultos de mi entorno.
Recuerdo con mucha claridad decirle a mí tío: ¿Qué pasa? Yo puedo ayudar… Ya en aquel momento había algo en mi interior que quería ayudar a vivir mejor. Y es que desde pequeño diría que los recuerdos que más quedaron grabados en mi memoria fueron discusiones, peleas, castigos y amenazas. Un entorno con mucha tensión en el que el aire cortaba.
Todo empezó con el fallecimiento de mi abuelo, continuó con el distanciamiento de mis tíos, discusiones entre mis padres y con mi hermana mediana sobre todo, mi padre con charlas de que no podía seguir así porque le habían dado varias amagues de ataques al corazón…
Dos puntos que marcaron mucho mi devenir fueron la separación de mis padres por el contenido y la forma, así como la decisión de mi hermana mayor de casarse e irse de casa porque no aguantaba más. En su boda mis padres se reconciliaron para bien o para mal y la salida de casa de mi hermana mediana pareció que ayudó.
Cosas de la vida, al tiempo volvió a casa al quedarse embarazada, aumentando la tensión entre mis padres y mi hermana. Para en apenas 4 años después regresar otra vez a casa con 3 niños, uno de ellos recién nacido. Mis padres eran los que se hacían cargo desde que nacieron de los niños todos los fines de semana, aumentando la tensión entre ellos y con mi hermana, para al final terminar reventando todo al tiempo.
El inicio de un proyecto a causa de la crisis que vivimos todos en 2012 entre los tres, los cuales durante toda su vida habían sido incapaces de tener una relación sana, nos llevó a la crisis definitiva. La pérdida de la casa, el coche, la salud de mis padres…con cuadros ansioso-depresivos y el sálvese quién pueda.
Pues yo fuí bastante callado, traté de hacer todo perfecto para que no me dijeran nada…ser el niño bueno. Al mismo tiempo fuera de casa salía todo lo que tenía dentro y era muy gamberro, lo cual no me enorgullece en absoluto.
Conforme crecí traté de ayudar todo lo que pude en casa, trabajando desde joven para mi familia, incluso en ese último periodo en el que todo se rompió. Y mientras sucedía todo me cobijé en la adolescencia en salir de fiesta, los amigos, el alcohol, los canutos…
Pero al final todo eso solo hacía que agrandar mi vacío interno, mi falta de inteligencia emocional, mi sufrimiento y mi soledad, perdiendo la ilusión por casi todo.
Aún así había una voz en mi interior que me decía: Todo mejorará.
A partir de aquel momento, rompiéndose incluso mi relación de 10 años, tuve que empezar a poner límites y mirar más por mí. Me fui a terminar mis estudios universitarios a Italia, realicé prácticas allí y después volví.
Pero cuando volví el vacío, el dolor y la depresión seguían conmigo. Las condiciones no me acompañaban y las ganas de vivir se me iban apagando
Así fue como decidí empezar a buscar alternativas que me ayudaran a vivir mejor, y sin dinero mi camino empezó por un centro budista. Allí empecé a aprender y entender mucho sobre la mente, el sufrimiento, el dolor y sus causas.
Y de pronto recordé y me reconecte con ese impulso de pequeño de querer ayudar a la gente. De modo que empecé a involucrarme más en el centro budista, a organizar retiros, a formarme en Mindfulness para la Salud y el dolor, en Yoga, en Respiración consciente…y un sin fin de cursos de autoconocimiento alternativos que me han ayudado a cambiar mi vida y mi relación con la vida.
Hoy sigo con mi proceso, las cosas no cambian de golpe. Pero en mi hay mucha más ilusión y unas ganas de vivir que no recordaba. Hoy veo un mundo lleno de sufrimiento, pero también uno maravilloso lleno de posibilidades desde las que vivir de otro modo.
Este es mi camino y esto es lo que acompaño a descubrir, pues me llena el corazón y el alma reencontrarme con la vida y que lo hagamos todos.